Lara Steele sabe que el deseo también puede nacer de la torpeza, de la timidez, de ese chico brillante que nadie mira hasta que alguien decide hacerlo arder. Sus novelas convierten la atracción en una ceremonia juguetona, sensual y deliciosamente peligrosa. En Seducir a un Friki, Carl Miller está acostumbrado a ser invisible: el chico inteligente, correcto, un poco fuera de lugar entre fiestas universitarias, bromas subidas de tono y cuerpos demasiado seguros de sí mismos. Pero una noche basta para cambiar el guion.
Entre alcohol, risas y un pacto tan perverso como irresistible, tres mujeres desinhibidas lo arrastran fuera del rincón donde siempre ha vivido y lo empujan hacia un territorio nuevo, excitante y absolutamente imprevisible. Lo que parecía una broma de madrugada pronto se convierte en un despertar sensual donde la vergüenza cede espacio a la curiosidad, y la inocencia empieza a saberse peligrosamente deseable. Porque a veces basta una sola noche para descubrir que incluso el chico más correcto puede convertirse en la fantasía favorita de alguien.